miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA ARMADURA DE DIOS


Efesios 6:10-20
10- Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

11- Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
 
12- Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13- Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
 
14- Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
15- y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.
16- Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
17- Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;
18- orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

19- y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, 
20- por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar. 


10- “sed fortalecidos en el Señor, y en el poder de su fuerza”
La Biblia nos enseña claramente que la vida cristiana no es solo un caminar, sino también una guerra.
Muchos creyentes no se dan cuenta de esto. Piensan que la vida cristiana significa escapar de las dificultades, tentaciones y mortificaciones y esperan vivir la vida con escasamente algún problema.
Pero la realidad, es que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (I Pedro 2:11), vivimos en un mundo gobernado por Satanás y continuamente debemos enfrentar la oposición y las dificultades.
Debemos ser continuamente fortalecidos “En el Señor y en el poder de su fuerza”
No podemos ganar la batalla a menos que permitamos a Cristo librar la batalla por nosotros por medio del poder de Su Espíritu Santo que nos habita.

11- “Armadura de Dios”
Los creyentes están en conflicto espiritual contra el mal.
1-Jesucristo, mediante su muerte en la cruz, aseguró la victoria del creyente. Libró un batalla triunfante contra Satanás, desarmó a los principados y a las potestades del mal , llevó consigo a los cautivos y redimió al creyente del poder de Satanás.
2-Los soldados cristianos deben luchar contra todo mal, no con su propio poder (2Co 10:3), sino con las armas espirituales,(vers.10-18, 2Co.10:4-5)
3- En su lucha de fe se les llama a los creyentes a que soporten los sufrimientos como buenos soldados de Jesucristo, (2Ti 2:3), sufran por el evangelio, peleen la buena batalla de la fe (1Ti 6:12, 2Ti 4:17)

El apóstol Pablo usa la analogía de la armadura de un soldado romano para describir las diversas formas de protección que el Señor nos ha dado contra las fuerzas espirituales de la maldad.

La armadura de protección incluye el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, los zapatos que son las buenas o evangelio de paz, el escudo de la fe, el casco de la salvación y la espada del Espíritu Santo, que es la Biblia la Palabra de Dios. Nuestra fuerza debe venir del poder extraordinario, dentro de nosotros. Debemos confiar en que el Señor nos dará el poder del Espíritu Santo para resistir al enemigo. 

Siempre debemos recordar esto: es imposible luchar contra los poderes espirituales tan sólo con nuestra fuerza humana; la batalla es de Dios. Si tratamos de hacerlo con nuestra propia fuerza seguramente fracasaremos.

Examinemos con más detalle las diversas partes de la armadura:

“Fuerte cinturón de la verdad” significa que debemos envolvernos en la verdad, habitar en Jesucristo y crecer en el conocimiento y la comprensión de la Biblia y en cómo se relaciona con nuestra vida.

“El ponernos la coraza de la justicia” nos ayuda a estar conscientes que ya tenemos la victoria sobre Satanás y nos identifica con la justicia de Cristo, por lo tanto somos justos.

Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz para hablar a los no-cristianos sobre Jesucristo y de cómo pueden tener una relación personal con Él. Basándonos en la autoridad de la Palabra de Dios, puede decirles que Cristo tiene la victoria sobre nuestros problemas, preocupaciones y sufrimientos.

El “escudo de la fe” descrito por Pablo, es una de las piezas de nuestra armadura más eficiente. Tal y como el escudo protegía al soldado romano de los ataques de sus enemigos, nuestra fe nos protege de los ataques de Satanás.

Yelmo de la salvación. Después está el casco del soldado romano. Esta era una pieza de la armadura dura, sólida e impenetrable, que no podía ser destruida.  Así que, cuando Pablo habla del casco de la salvación se refiere al conocimiento y hechos acerca de la verdad de Jesucristo.
Teniendo esta protección en nuestra cabeza, nuestros pensamientos están protegidos de la duda. El estar seguros de nuestra genuina relación con Dios es nuestra mayor protección. La salvación del cristiano es segura y eterna. Romanos 8:1

La “espada del Espíritu, la Palabra de Dios” es un arma defensiva que lleva el soldado cristiano. Se utiliza como protección contra  las fuerzas del mal.
El Señor Jesús rechazó las tentaciones del diablo citando la Palabra de Dios (Vete, Satanás, porque escrito está: Mateo 4:4-10), siendo un ejemplo para nosotros los cristianos.

Para "permanecer en su palabra" debemos leer, estudiar, memorizar y obedecer la Palabra de Cristo. Y haciendo esto seremos verdaderamente sus discípulos y conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. (Juan 8:31-32)

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales (Colosenses 3:16)

EL ENEMIGO INVISIBLE

6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne. No estamos luchando contra seres humanos. Estamos en una guerra contra aquellas fuerzas que transforman a la gente en víctimas y la destruyen. Nuestro enemigo no es otra persona. Si fracasamos en la vida cristiana, no será por el ataque de un individuo o un grupo. Fracasamos porque nuestra propia fortaleza interior ha sido quebrada por el poder del mal.

6:12 Huestes espirituales de maldad. Los creyentes se enfrentan a un conflicto espiritual con Satanás y un ejército de espíritus malos.
1- Esos poderes de las tinieblas son las fuerzas espirituales de maldad (Juan 12:3, 14:30; 16:11; 2Co 4:4; I Juan 5:19) que estimulan a los impíos (Ef 2:2) se oponen a la voluntad de Dios y con frecuencia atacan a los creyentes de esta época (I Pedro 5:8)
2-Constituyen una gran multitud (Ap. 12:4-7) y están organizados en un imperio de maldad sumamente sistemático que tiene jerarquía y orden (Ef. 2:2: Juan 14:30)

6:18 Orando… en el Espíritu. La batalla del creyente contra las fuerzas espirituales de Satanás exige la intensidad en la oración, es decir, orar “en el Espíritu”, “en todo tiempo”, “con toda oración y súplica”, “por todos los santos”, “con toda perseverancia”. No debe considerarse la oración simplemente como un arma más, sino como parte del conflicto mismo, en el que la victoria se gana para los creyentes en Cristo al trabajar juntos con Dios mismo.

Dejar de orar con diligencia, con toda oración en toda situación, es rendirse al enemigo (Lc 18:1; Ro 12:12 Fil 4:6; Col 4:2; ITs. 5:17)

En resumen vestirnos con la armadura de Dios significa que el cristiano vive en comunión permanente con Dios. Para ello debemos:

C  Conversar con Dios en oración diariamente (Juan 15:7)

R  Recurrir a la Biblia, estudiándola diariamente. (Hechos 17:11)

I  Insistir en confiar a Dios cada aspecto de nuestra vida (I Pedro 5:7)

S  Ser lleno del Espíritu de Cristo- (Gálatas 5:16-17, Hechos 1:8)

T  Testificar a otros de Cristo verbalmente y con nuestra vida. (Mateo 4:19, Juan 15:8)

O  Obedecer a Dios momento a momento. (Juan 14:21)

Al vestirnos con toda la armadura de Dios seremos protegidos del enemigo y seremos capaces de “regocijarnos en el Señor” sin importar las circunstancias porque sabemos que Dios tiene todo bajo su control. 

LA VIDA VICTORIOSA EN EL ESPÍRITU



Romanos 8:1-18
1-Así que a los que pertenecen a Jesucristo ya no les espera ninguna condenación,
2-porque el poder vivificador del Espíritu, poder que reciben a través de Jesucristo, los libera del círculo vicioso del pecado y de la muerte.

3-El conocer los mandamientos de Dios no nos arranca de las garras del pecado, porque no podemos guardar la ley ni la guardamos. Pero Dios, para salvarnos, puso en vigor un plan diferente. Envió a su propio Hijo con un cuerpo humano igual en todo al nuestro, salvo que no era pecador, y al entregarlo en sacrificio por nuestros pecados, destruyo el dominio del pecado sobre nosotros.

4- Por lo tanto, si nos dejamos conducir por el Espíritu Santo y negamos obediencia a la vieja naturaleza pecaminosa que está en nosotros, podemos obedecer la ley de Dios.
5- Los que se dejan dominar por la baja naturaleza, viven sólo para auto complacerse, pero los que viven de acuerdo con el Espíritu Santo se conducen como agrada a Dios.

6- El dejarse conducir por el Espíritu Santo produce vida y paz, pero el dejarse conducir por la vieja naturaleza produce muerte, 7-porque la vieja naturaleza pecaminosa que está en nosotros, siempre se rebela contra Dios.
Nunca ha obedecido la ley de Dios y nunca podrá obedecerla.

8- Por eso, los que continúan bajo el dominio de su antiguo yo pecador y se empeñan en continuar con sus perversidades, jamás podrán agradar a Dios.

9- Pero ustedes nos son así. Si el Espíritu de Dios mora en ustedes, están bajo el dominio de la nueva naturaleza.
(Y recuerden que no es cristiano quien en su interior no tenga el Espíritu de Cristo.)
10- Más aunque Cristo viva en ustedes, sus cuerpos están muertos a consecuencia del pecado; pero sus espíritus viven porque Cristo los ha perdonado.
11- Y si el Espíritu de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, Él hará que sus cuerpos mortales despierten a la vida después de la muerte por medio del mismo Espíritu Santo que vive en ustedes.

12- Así que, amados hermanos, ustedes no están obligados a hacer lo que la vieja naturaleza les dice.
13- Si lo siguen haciendo están perdidos y perecerán; pero si mediante el poder del Espíritu Santo destruyen la vieja naturaleza y sus obras, vivirán.

14- Porque los que se dejan conducir por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

15- No debemos actuar como esclavos serviles y cobardes, sino como verdaderos hijos de Dios, como miembros adoptivos de su familia que pueden llamarlo: “Padre, Padre”.
16- Porque el Espíritu Santo nos habla a lo más profundo del alma y nos asegura que somos hijos de Dios.

17- Y como somos sus hijos, compartimos sus riquezas, pues todo lo que Dios le da a Jesucristo es ahora también nuestro.

Pero si compartimos su gloria, también hemos de compartir sus sufrimientos.
18- Sin embargo, lo que ahora sufrimos no tiene comparación con la gloria que nos dará después.
(Romanos 8:1-18, La Biblia al Día 1979)

Por la autoridad de este y otros pasajes similares de la Escritura el cristiano puede saber que no tiene que vivir un momento de derrota el resto de su vida. Dios significa para usted una vida de victoria, una vida de poder, amor y alegría. Usted puede vivir en la plenitud del Espíritu como estilo de vida si sólo conoce sus derechos como hijo de Dios y obedece el liderazgo del Espíritu Santo.

8:1 Para los que están en Cristo Jesús…Pablo acaba de mostrar que la vida sin la gracia de Dios es derrota, miseria y esclavitud al pecado. Ahora en el capítulo 8, Pablo dice que la vida espiritual, el estar libre de la condenación, la victoria sobre el pecado y la comunión con Dios vienen mediante la unión con Cristo por la presencia del Espíritu Santo. Al que recibe y sigue al Espíritu  se le libra del poder del pecado y se le conduce a la glorificación final.

8:2 La ley del Espíritu… Esta “ley del espíritu de vida” es el poder regulador y activador del Espíritu Santo que opera en el corazón del creyente. El Espíritu Santo entra en el pecador para vivir en él  y lo libra del poder del pecado. La ley del Espíritu va obrando en el recién convertido a medida que se compromete a obedecer al Espíritu Santo. Encuentra un nuevo poder que obra en él, un poder que le permite vencer al pecado.

8:4 La justicia de la ley se cumpliese en nosotros… La obra del Espíritu Santo dentro de los creyentes los capacita para llevar una vida de justicia, que se considera como el cumplimiento de la ley moral de Dios.

8: 5-14 Conforme a la carne… al Espíritu.
Pablo describe dos clases de personas; las que viven según la carne y las que viven según el Espíritu.
Vivir “conforme a la carne” es depender de nuestra vieja naturaleza pecaminosa para vivir la vida cristiana.
Vivir “conforme al Espíritu” es someterse a la dirección y capacitación del Espíritu Santo, y ocuparse en las cosas de Dios.
Es vivir en todo tiempo en la presencia de Dios, confiando en que Él nos dará la ayuda y la gracia necesarias para realizar su voluntad en y por medio de nosotros. Es imposible seguir la carne y al Espíritu al mismo tiempo.
A las personas para las cuales las cosas de Dios representan su principal amor e interés, les espera la vida eterna y la comunión con Dios.

8:9 Si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Desde el momento en que acepta a Jesucristo como Señor y Salvador, todo creyente tiene al Espíritu Santo viviendo en él. (Efesios 1:13-14, I Corintios 3:16; 6:19-20)

8:13 Hacéis morir las obras de la carne.
Pablo acentúa la necesidad de una lucha continua contra todo lo que pudiera limitar la obra de Dios en la vida del creyente, ya que el pecado está siempre esforzándose por volver a dominar a los que tuvo bajo su control.
Los creyentes deben decidir  constantemente si van a someterse a los deseos pecaminosos o a las exigencias de la naturaleza divina en la cual participan. (Gálatas 5:16,18).

8:14 Guiados por el Espíritu de Dios.
El Espíritu Santo vive en el hijo de Dios con el fin de guiarlo a pensar, hablar y actuar de acuerdo con la Palabra de Dios.
1) Él guía primordialmente mediante impulsos que (a) son estímulos internos a hacer la voluntad de Dios y a darle muerte a las obras de la carne. (b) están siempre en armonía con las Escrituras.
2) El impulso del Espíritu viene al (a) leer la Palabra de Dios, (b) orar con fervor, (c) escuchar la predicación y la enseñanza bíblica.

8:17 Si padecemos juntamente con Él.
Pablo les recuerda a  los creyentes que la vida victoriosa en el Espíritu no es un camino fácil. Jesús sufrió y sus seguidores también sufrirán. Se considera que ese sufrimiento es con Él y es la consecuencia de la relación de hijos con Dios, de la identificación con Cristo, del testimonio acerca de Él, y de la negación a adaptarse al mundo. (Romanos 12:1-2).

8:18 Las aflicciones del tiempo presente.
Todos los sufrimientos de este mundo –enfermedad, dolor, miseria, desilusión, pobreza, maltrato, tristeza, persecución y dificultades de toda clase- deben considerarse insignificante cuando se comparan con la bendición, los privilegios y la gloria que se le darán al creyente fiel en el mundo venidero. (2 Corintios 4:17).